El día antes de subir al Nevado Santa Isabel hicimos una caminata de aclimatación. A mi alrededor, algunas personas del grupo empezaron a marearse. Yo, en cambio, estaba perfecto: fuerte, tranquilo y bastante confiado. Del mal de altura, ni rastro. Pensé que si eso había sido tan sencillo, al día siguiente iba a subir sin mayores problemas.
Al día siguiente vomité unas tres veces durante el ascenso, los guías me recomendaron devolverme y yo seguí. Llegué a la cima, sí. Pero hoy sé que esa decisión no fue la correcta, y por eso quiero hablar del mal de altura en los nevados de Colombia: qué es, qué señales no se deben ignorar y qué voy a hacer distinto la próxima vez.
Toda la historia de ese ascenso, con la ruta y los requisitos del parque, está en mi post sobre cómo subir al Nevado Santa Isabel. Este artículo es la otra parte: la lección. Y aclaro desde ya que no soy médico; lo que comparto aquí son mi experiencia y fuentes oficiales que puedes revisar tú mismo.
Sentirte bien el día anterior no garantiza nada
Esa caminata me dio una seguridad que no tenía por qué tener. Jajaja, qué equivocado estaba.
Según el CDC Yellow Book, la guía de salud para viajeros de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, el entrenamiento y la buena condición física no cambian el riesgo de enfermarse por la altura. También explica que los síntomas suelen aparecer entre 2 y 12 horas después de llegar a una altura mayor, muchas veces durante o después de la primera noche. Sentirte bien en la tarde no te dice cómo vas a amanecer.
Esa noche dormí mal y madrugamos muchísimo. No tengo forma de saber si fue por la altura, pero el CDC señala que los problemas de sueño son la queja más común en la altura y que la falta de oxígeno es mayor mientras dormimos. La noche antes de la cima también es parte del ascenso.
Y no es la única vez que la altura me ha cobrado. En la Montaña de los 7 colores, en Perú, el soroche me golpeaba cada diez pasos; lo conté en Más que una foto. El CDC dice que la forma en que reaccionaste antes a la altura es la mejor pista para tus próximos viajes, aunque no es infalible. Hoy esa pista la tomo en serio.

Qué es el mal de altura y por qué los nevados no perdonan
A medida que subes, el aire tiene menos presión y tu cuerpo recibe menos oxígeno. El CDC explica que cualquier persona no aclimatada que vaya a dormir a unos 2.450 metros o más puede enfermarse por la altura. Ahora pon eso en contexto: según el Servicio Geológico Colombiano, el Santa Isabel ronda los 4.965 metros, el Nevado del Tolima llega a 5.215 y el Nevado del Ruiz a 5.321.
El CDC divide el mal de altura en tres cuadros, y conocerlos sirve para saber cuándo ya no es “normal sentirse así”:
- Mal agudo de montaña. El más común. Se parece a un guayabo: dolor de cabeza, casi siempre acompañado de pérdida de apetito, mareo, cansancio, náuseas y, a veces, vómito. Suele mejorar en uno o dos días si no sigues subiendo.
- Edema cerebral de altura. Es raro, pero grave. La persona se ve confundida, somnolienta o pierde la coordinación, como si estuviera borracha. Hay que bajar de inmediato.
- Edema pulmonar de altura. Empieza con tos, congestión en el pecho y una falta de aire exagerada al caminar, que luego aparece incluso en reposo. El CDC advierte que puede ser más rápidamente mortal que el edema cerebral. También exige bajar.
Una aclaración honesta: el CDC menciona que el agotamiento o la deshidratación pueden parecerse al mal de altura. En mi caso, lo que me afectó fue la combinación de cansancio, falta de sueño, frío y los síntomas que tuve. Pero en plena montaña, en medio de una nevada, uno no está para hacerse diagnósticos. Ahí manda la regla.
Las tres reglas que hoy me harían dar la vuelta
El CDC resume la prevención de los casos graves en tres reglas sencillas:
- Conoce los primeros síntomas y acepta que los tienes.
- Nunca subas a dormir más alto si tienes síntomas, por leves que parezcan.
- Baja si los síntomas empeoran a pesar del descanso o del tratamiento.
Y agrega un dato que me habría servido mucho ese día: el mal agudo de montaña mejora rápido al descender unos 300 metros o más.
Ahora mira lo que pasó en mi ascenso. Vomité varias veces, los guías me recomendaron devolverme y, al mismo tiempo, me decían que estábamos cerca. Ese “ya estamos cerca” se volvió eterno. Ya se habían devuelto varias personas del grupo y, por la cantidad de guías, si alguien más regresaba era posible que todos tuvieran que suspender el ascenso. No quería ser esa persona. Así que seguí.
En el agua aprendí algo parecido. En mi primer Oceanman ser terco me ayudó a mantenerme enfocado, pero no quiero depender solamente de mi terquedad; por eso, en cómo prepararte para tu primera prueba en aguas abiertas, insisto en decidir antes qué señales significan parar. En la montaña es todavía más claro. Si el guía te dice que bajes, no es una opinión: es su trabajo, y casi siempre sabe más que tu ego.
Lo que voy a hacer distinto en el próximo nevado
Tengo pendiente subir al Nevado del Tolima como reto personal de montañismo. Sé que exige una preparación mayor, así que esta vez quiero hacer las cosas bien. Este es mi plan:
- Ir al médico antes. El CDC recomienda que quien tenga condiciones de salud previas consulte con un médico que conozca la medicina de altura.. Existe un medicamento, la acetazolamida, que según el CDC acelera la aclimatación y ayuda a prevenir el mal de altura, pero lo receta un médico según tu historia y tu itinerario. No es para automedicarse ni para copiar lo que tomó el compañero de grupo.
- Darle tiempo al cuerpo. La recomendación de la Wilderness Medical Society, que recoge el CDC, es no pasar en un solo día de baja altura a dormir por encima de 2.750 metros y, una vez sobre los 3.000, subir la altura a la que duermes no más de 500 metros por noche, con una noche extra cada 1.000 metros. No siempre se puede cumplir al pie de la letra, pero sí puedo escoger un itinerario con más días.
- No llegar confiado por vivir en Bogotá. El CDC aclara que incluso quien ya se adaptó a una altura sigue en riesgo cuando sube a dormir más alto, sobre todo si gana entre 600 y 900 metros.
- Dormir y bajar el ritmo. Nada de alcohol las primeras 48 horas en la altura y solo ejercicio suave esos dos primeros días, como aconseja el CDC. Y llegar descansado a la noche antes de la cima.
- Preguntar antes de pagar. Cuántos guías van, qué pasa si alguien necesita bajar y quién decide. Parques Nacionales exige que todo ingreso al Parque Nacional Natural Los Nevados se haga con guías u operadores inscritos en el registro oficial (REPSE), con seguro de accidentes, y que para subir a un glaciar el grupo lo lideren solo guías especializados en alta montaña. Si el plan de regreso está claro desde el principio, nadie tiene que cargar con la culpa de devolverse.
Ah, y unos guantes de verdad, impermeables. Los de lana ya aprendieron su lección. Jajaja.

Si vas al Nevado del Ruiz en familia
El otro plan que tengo es visitar el Nevado del Ruiz con mi familia. Según el Servicio Geológico Colombiano, la entrada del parque en el sector de Brisas está a unos 4.100 metros y el recorrido autorizado para visitantes llega hasta el Valle de las Tumbas, a 4.450 metros. A esa altura se llega en carro, y eso significa subir muy rápido.
El CDC explica que los niños son tan susceptibles como los adultos y que los más pequeños, que todavía no hablan, pueden mostrar el mal de altura con pérdida de apetito, irritabilidad o palidez. También dice que los paseos de un día, durmiendo después más abajo, son mucho menos exigentes para el cuerpo que pasar la noche arriba.
Además, el Ruiz es un volcán activo. Al 28 de octubre de 2026, el boletín semanal más reciente del Servicio Geológico Colombiano, emitido el 20 de octubre, lo mantenía en alerta amarilla; el mismo día, el boletín del volcán Nevado de Santa Isabel también reportaba alerta amarilla. Esto cambia, así que revisa el boletín nuevo antes de salir. Parques Nacionales pide reservar con al menos un día de anticipación para el recorrido Brisas–Valle de las Tumbas en fines de semana y puentes festivos, y el parque cierra cinco días tres veces al año, uno de ellos desde el cuarto lunes de noviembre.
Lo que me llevo
Llegar a la cima del Santa Isabel me dejó una satisfacción enorme. Pero si hoy me preguntan qué aprendí allá arriba, no hablo de la cumbre: hablo del momento en que el guía me dijo que me devolviera y yo no le hice caso.
La próxima vez quiero llegar mejor preparado y con la tranquilidad de saber que dar la vuelta también es una forma de terminar bien un reto. Más historias como esta las encuentras en la categoría Retos, y si te interesa saber por qué me meto en estas aventuras, la razón de fondo está en mi libro La vida continúa.
¿A ti te ha dado mal de altura? ¿Te devolviste o seguiste?
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