El 28 de abril de 2024 nadé 10 kilómetros en el embalse de Guatapé, Antioquia. Me demoré cuatro horas en llegar a la meta y, aunque lo conseguí, hubo momentos en los que pensé seriamente en abandonar.
Tenía calambres, estaba agotado y sentía que no avanzaba. Lo curioso es que los momentos más difíciles llegaron cuando ya podía ver la meta. Y pensar que todo comenzó por una frase que escuché en una conferencia.
Esta es la historia de cómo terminé inscribiéndome en mi primer Oceanman, por qué escogí una distancia que me daba miedo y lo que aprendí después de pasar cuatro horas nadando.
Todo comenzó por culpa de Millán Ludeña
Un día asistí a una conferencia de motivación y empresarios. Entre los invitados estaba Millán Ludeña, un deportista que hablaba sobre los retos, los límites y la importancia de ponerse metas grandes. En medio de su conferencia dijo algo que se me quedó grabado. Era una frase más o menos así:
Si tu meta no es lo suficientemente grande como para hacerte temblar las piernas de solo decirla, entonces no es lo suficientemente grande.
Y claro, uno escucha esas cosas, se emociona y comienza a pensar en su propia vida. Pero esta vez quise hacer algo diferente. No quería que la motivación me durara solamente lo que duraba la conferencia. Al día siguiente me puse a buscar una competencia en la que pudiera participar.
Así encontré Oceanman.
Vi que había una distancia de 5 kilómetros y otra de 10 kilómetros. Los 5 kilómetros me parecían alcanzables. Sabía que, aunque tenía que prepararme, era una distancia que podía conseguir. Pero cuando vi los 10 kilómetros, la cosa cambió.
Nunca había nadado tanto.
De hecho, ni siquiera me cabía en la cabeza pasar semejante cantidad de tiempo nadando en aguas abiertas. Y ahí estaba justamente lo que buscaba.
Una meta que me hiciera dudar de mí mismo.
Así que me inscribí en los 10 kilómetros.
Jajaja, gracias, Millán.
Todavía no sabía en qué me estaba metiendo.
¿Por qué decidí nadar 10 kilómetros?
Hay algo detrás de esta decisión que va mucho más allá del deporte. Cuando tenía 21 años me diagnosticaron un linfoma de Hodgkin. El cáncer cambió muchas cosas en mi vida. Mi manera de pensar, de valorar el tiempo y de entender lo que significa estar vivo. Después de pasar por esa experiencia, me quedó una curiosidad que todavía tengo:
Quiero descubrir hasta dónde puede llegar este cuerpo que tengo aquí en la Tierra. No porque quiera demostrarle algo a alguien.
Es simplemente que durante una etapa de mi vida mi cuerpo estuvo enfermo y hoy tengo la oportunidad de ponerlo a prueba, entrenarlo y descubrir de qué es capaz. Sé que con preparación y disciplina puedo conseguir muchas cosas. Y también sé que hay límites que no se deben ignorar. Pero me gusta pensar que muchas de las cosas que hoy considero imposibles podrían dejar de serlo si comienzo a trabajar por ellas.
Por eso elegí los 10 kilómetros.
No sabía si podía terminarlos. Y precisamente por eso quería intentarlo.
84 días para prepararme para Oceanman
Cuando me inscribí tenía aproximadamente 84 días para prepararme.
Casi tres meses.
Y aunque para algunas personas puede parecer bastante tiempo, preparar una competencia de 10 kilómetros en aguas abiertas requiere mucho más que saber nadar. Hay que desarrollar resistencia, mejorar la técnica, preparar la alimentación y acostumbrarse a pasar varias horas dentro del agua.
Yo entrené.
Pero mirando hacia atrás, reconozco que no fui tan juicioso como debería. Durante mi preparación llegué a nadar aproximadamente 4 kilómetros en una sesión. Es decir, nunca había nadado ni siquiera la mitad de la distancia que me esperaba en Guatapé. También me faltó entrenar más en aguas abiertas.
Porque una cosa es nadar en una piscina y otra muy diferente es hacerlo en un lago, donde no tienes una pared para descansar cada 25 o 50 metros. Tampoco preparé suficientemente bien mi estrategia de alimentación e hidratación. Y ese último error terminaría pasándome factura durante la competencia. Aun así, cuando llegó el día, estaba decidido a intentarlo.
El día de Oceanman Guatapé: nervioso, pero decidido
El 28 de abril de 2024 llegó el momento. Estaba nervioso. No tenía ni idea de lo que iba a pasar cuando comenzara a nadar.
¿Me iba a cansar demasiado rápido?
¿Me darían calambres?
¿Podría completar los 10 kilómetros?
Tenía muchas preguntas. Pero también estaba contento. Me emocionaba estar ahí, frente a una competencia que meses atrás ni siquiera había contemplado. Y aunque no tenía la certeza de poder terminar, hay algo que conozco bastante bien de mí mismo.
Soy terco. Jajaja.
Sabía que, si todo dependía de mi voluntad y podía continuar de manera segura, iba a hacer lo posible por llegar. Así me tocara ser el último. No me importaba ganar. No estaba pensando en ningún récord. Mi única meta era terminar los 10 kilómetros.
Y entonces comenzó la competencia.
Los primeros 5 kilómetros: nadar mirando la Piedra del Peñol
Los primeros kilómetros fueron espectaculares. El agua estaba tranquila. Era como nadar en una piscina gigante, pero negra. Y lo mejor era el paisaje. Cada vez que giraba la cabeza para respirar, podía ver la Piedra del Peñol. Imagínate estar nadando en medio de ese enorme embalse y encontrarte con semejante paisaje cada vez que sacas la cabeza del agua.
Era una sensación muy bacana. Me sentía bien. Estaba disfrutando. Durante esa primera mitad, todo parecía indicar que la aventura iba por buen camino. El paisaje, la tranquilidad del agua y la emoción de participar en mi primer Oceanman hacían que el esfuerzo fuera mucho más llevadero. Pero claro… Todavía me faltaba la mitad de la competencia.
Y las cosas estaban a punto de complicarse.
El kilómetro 5: los geles energéticos que casi me arruinan la carrera
Cuando llegué aproximadamente a los 5 kilómetros hice una parada para tomar unos geles energéticos. Mi idea era recuperar algo de energía para enfrentar la segunda mitad de la competencia. Hasta ahí todo parecía una buena estrategia. El problema fue que no había preparado suficientemente bien su consumo durante mis entrenamientos.
Me tomé los geles y, en lugar de sentirme mejor, terminé con la garganta completamente empalagada. Era una sensación muy incómoda. Imagínate estar en medio de un lago, cansado de nadar y con la garganta así. Fue tan molesto que terminé tomando un poco de agua del mismo embalse para intentar pasar esa sensación y hacer gárgaras.
Sí, ya sé.
No fue precisamente mi mejor decisión. Y tampoco es algo que recomendaría: el agua de un embalse no es potable y puede contener microorganismos. Pero en ese momento fue lo que hice. Lo peor es que ese apenas era el comienzo de mis problemas.
Cuando comenzaron los calambres
Después de la parada empezaron los calambres. Y ahí fue cuando la competencia dejó de ser solamente una experiencia bonita en Guatapé. Comenzó una lucha contra el cansancio. Todavía me faltaban varios kilómetros y mi cuerpo ya estaba dando señales de agotamiento. Intentaba seguir nadando, pero cada vez era más difícil.
La emoción de los primeros kilómetros se había convertido en preocupación. Y había algo que comenzaba a pesar incluso más que los calambres.
Mi propia cabeza.
Porque cuando llevas tanto tiempo haciendo un esfuerzo físico, no solamente tienes que lidiar con los músculos. También aparecen las dudas.
¿Será que voy a llegar?
¿Y si no puedo?
¿Hasta dónde puedo seguir?
Había entrenado para terminar, pero nunca había enfrentado algo semejante. Y por primera vez durante la competencia comencé a preguntarme seriamente si lograría completar los 10 kilómetros.
Faltaban 2 kilómetros y mi cabeza comenzó a pedirme que abandonara
Recuerdo que cuando faltaban aproximadamente dos kilómetros, las ganas de abandonar empezaron a aparecer con más fuerza. Estaba cansado. Tenía calambres. Y aunque sabía que había recorrido la mayor parte de la distancia, todavía sentía que me faltaba muchísimo. Lo más curioso fue lo que pasó después. Cuando estaba a menos de un kilómetro de la meta, comenzó la parte más difícil de toda la competencia.
Ya podía ver dónde tenía que llegar. Pero sentía que no avanzaba. Era como si la corriente estuviera en mi contra. Nadaba y nadaba, pero la meta parecía seguir en el mismo lugar. No sé si realmente había una corriente fuerte o si era simplemente la percepción que tenía por el agotamiento. Lo que sí recuerdo es la desesperación que sentía.
Mi cabeza comenzó a decirme que abandonara. Que ya era suficiente. Que saliera del agua. Y eso me pareció increíble. Había nadado más de nueve kilómetros. Estaba viendo la meta.
¿Y justamente ahí me daban más ganas de rendirme?
Incluso recuerdo que, por momentos, escuchaba los sonidos de una manera extraña, como borrosos.
Hoy entiendo que esa era una señal que no debía ignorar. Alteraciones en la percepción, mareos o desorientación durante una prueba de aguas abiertas son motivos para pedir asistencia, no para intentar aguantar a cualquier precio. En ese momento estaba concentrado en llegar. Y finalmente, después de lo que parecieron unos últimos metros eternos, conseguí tocar tierra.
Cuatro horas después, finalmente llegué a la meta
No te imaginas la satisfacción que sentí cuando mis pies volvieron a tocar tierra firme. Después de cuatro horas nadando, con calambres y completamente agotado, había terminado los 10 kilómetros.
¡Por fin!
Pero había un pequeño detalle. Para salir todavía tenía que subir unas escaleras. Jajajaja.
Como si cuatro horas de natación no hubieran sido suficientes.
Afortunadamente, había personas ayudando a los competidores a salir del agua, especialmente a quienes llegaban mareados o demasiado cansados.
No lloré.
Tampoco hice una celebración exagerada. Simplemente estaba satisfecho. Había conseguido algo que tres meses antes ni siquiera sabía si era capaz de hacer. Y aunque mi preparación no había sido perfecta, había cumplido la meta que me propuse. 10 kilómetros. Cuatro horas. Mi primer Oceanman terminado. No fue el mejor tiempo.
No fui de los primeros. Pero ese día tampoco era lo que estaba buscando. Quería saber si podía hacerlo.
Y ahora tenía la respuesta.
¿Qué tan difícil es nadar 10 kilómetros en Oceanman?
Para poner en contexto mi experiencia, Oceanman es un circuito internacional de competencias de natación en aguas abiertas. En la edición de Guatapé de 2024, la distancia principal era de 10 kilómetros.
Según el reglamento oficial de Oceanman 2024, estos eran los tiempos de corte para la distancia de 10 kilómetros:
| Punto de control | Tiempo máximo |
|---|---|
| Kilómetro 3 | 1 hora y 30 minutos |
| Kilómetro 6 | 3 horas |
| Meta, kilómetro 10 | 4 horas y 30 minutos |
Yo completé la distancia en aproximadamente cuatro horas. Pero más allá del tiempo, creo que la dificultad de una competencia de estas características depende mucho de tu preparación. No es solamente la distancia.
También influyen las condiciones del agua, la temperatura, la orientación, la alimentación y la capacidad de mantener un esfuerzo constante durante varias horas. Y hay algo que aprendí: no basta con saber nadar bien para estar preparado para una competencia de larga distancia.
Los errores que cometí en mi primer Oceanman
Después de terminar, me quedaron varios aprendizajes que hoy estoy aplicando a mis entrenamientos.
1. No prepararme con suficiente tiempo
Tenía aproximadamente 84 días. Entrené, pero para una distancia que nunca había completado, necesitaba una preparación más estructurada. Hoy comenzaría mucho antes y aumentaría las distancias progresivamente. No se trata de entrenar hasta quedar destruido todos los días. Se trata de desarrollar la resistencia suficiente para afrontar la competencia con seguridad.
2. Entrenar poco en aguas abiertas
La piscina es excelente para mejorar la técnica y desarrollar resistencia. Pero nadar en un lago es diferente. No hay líneas en el fondo para orientarte. No hay paredes para descansar. Y las condiciones pueden cambiar.
Si volviera a preparar una competencia de 10 kilómetros, incluiría más sesiones en aguas abiertas, siempre con las medidas de seguridad y el acompañamiento necesarios.
3. No probar los geles energéticos durante mis entrenamientos
Este fue uno de mis errores más evidentes. Los geles no son malos. El problema fue mi falta de preparación para utilizarlos correctamente.
Hoy estoy probando mi alimentación durante los entrenamientos para descubrir qué productos tolero, cómo consumirlos y cómo hidratarme adecuadamente. Porque definitivamente no quiero repetir aquella experiencia de la garganta empalagada en medio de un lago.
4. Subestimar la importancia de la alimentación
Una prueba tan larga exige preparar la nutrición y la hidratación, no improvisarlas. En mi caso, siento que pude haber hecho las cosas mucho mejor. Ahora entiendo que la preparación no comienza cuando te metes al agua. También incluye lo que comes, cómo descansas y la manera en que organizas tus entrenamientos.
5. Confundir determinación con ignorar las señales del cuerpo
Esta es una lección que valoro especialmente. Ser terco me ayudó a mantenerme enfocado.
Pero también aprendí que hay una diferencia entre soportar la incomodidad normal de una competencia y continuar cuando aparecen señales de alerta. Los calambres intensos, la desorientación o las alteraciones en la percepción no son cosas que debamos normalizar. Hoy quiero competir mejor preparado, precisamente para no tener que depender solamente de mi terquedad.
¿Recomendaría participar en Oceanman Guatapé?
Sí, claro que lo recomendaría. Guatapé tiene un paisaje espectacular y nadar con la Piedra del Peñol a un costado fue una experiencia que recuerdo con muchísimo cariño. El embalse estaba tan tranquilo durante los primeros kilómetros que parecía una piscina enorme. Y aunque terminé bastante cansado, disfruté mucho haber participado.
Eso sí, no recomendaría inscribirse directamente en los 10 kilómetros sin una preparación adecuada. Hay distancias más cortas que permiten comenzar a experimentar la natación en aguas abiertas. Para mí, lo importante es encontrar un reto que te motive, pero que también puedas preparar de manera responsable. No tienes que nadar 10 kilómetros para demostrar nada.
Cada persona tiene su propia meta.
Del cáncer a los 10 kilómetros: descubrir hasta dónde puedo llegar
Con el tiempo he pensado mucho en las razones que me llevaron a participar en esa competencia. Y creo que una parte importante tiene que ver con mi historia personal. Cuando pasas por una enfermedad como el cáncer, tu relación con el cuerpo cambia. Durante el tratamiento hay momentos en los que tu cuerpo no responde como quisieras.
Y después, cuando recuperas tu salud y comienzas a retomar tu vida, aparecen otras preguntas. En mi caso, una de ellas es hasta dónde puedo llegar. Quiero conocer mis capacidades. Quiero viajar. Quiero nadar. Quiero subir montañas. Quiero seguir intentando cosas que hoy me parecen difíciles. No porque tenga que conseguirlas todas.
Sino porque tengo la oportunidad de intentarlo. Ese es uno de los aprendizajes más importantes que me dejó el cáncer y que también quise compartir en mi libro La vida continúa. No se trata de vivir haciendo cosas extremas. Se trata de no dejar pasar la vida esperando siempre el momento perfecto. Y Oceanman Guatapé fue una de esas decisiones que me demostraron lo mucho que todavía tengo por experimentar.
Mi próximo reto: Oceanman Italia 2027
Han pasado más de dos años desde aquella primera competencia. Y ahora tengo una nueva meta. Oceanman Lago d’Orta, Italia, en junio de 2027. 🇮🇹 Esta vez las cosas serán diferentes. En Guatapé participé en los 10 kilómetros con un objetivo muy sencillo: terminar. Para Italia escogí la distancia corta de la competencia principal, conocida como Half Oceanman.
Pero mi objetivo ya no es solamente cruzar la meta. Quiero llegar entre los primeros 50 competidores. Sé que es una meta mucho más exigente. También sé que no basta con tener ganas. Por eso estoy preparando esta competencia con mucho más tiempo del que tuve para Guatapé. Estoy trabajando en mi resistencia, mi condición física, mi alimentación y mi preparación mental.
También estoy aprendiendo a utilizar correctamente los geles y la hidratación durante mis entrenamientos. Quiero llegar preparado para competir, no simplemente para sobrevivir a la distancia. Y, por supuesto, no tengo ninguna garantía de conseguir ese puesto. Pero precisamente esa es la gracia. Volver a perseguir una meta que me obligue a esforzarme.
Según la página oficial de Oceanman Lago d’Orta, el evento será del 11 al 13 de junio de 2027 y el Half Oceanman se nadará el domingo 13 de junio, con un recorrido de 5,5 kilómetros. Igual revisaré la distancia definitiva en el reglamento antes de competir. Ya veremos cómo termina esta nueva aventura.
Por ahora, toca entrenar.
Lo que me enseñaron cuatro horas nadando
Si algo me quedó de Oceanman Guatapé fue la satisfacción de haber intentado algo que me daba miedo. No fui el más rápido. Tampoco llegué en las mejores condiciones. Cometí errores. Me dieron calambres. Pensé en abandonar. Y terminé agotado. Pero también disfruté el paisaje, conocí un poco más mis capacidades y descubrí lo importante que es prepararse bien.
Hoy no repetiría exactamente la misma experiencia. Entrenaría más, planearía mejor mi alimentación y prestaría mucha más atención a las señales de mi cuerpo. Pero no cambiaría la decisión de haberme inscrito. Porque, si algo he aprendido, es que muchas veces necesitamos atrevernos a comenzar para descubrir lo que somos capaces de conseguir.
Y aquella frase de Millán Ludeña todavía tiene sentido para mí. No porque todas las metas tengan que ser enormes. Sino porque hay momentos en los que vale la pena preguntarnos si estamos soñando solamente con lo que ya sabemos que podemos hacer. Mi primer Oceanman fueron 10 kilómetros. Cuatro horas dentro del agua.
Y una satisfacción que todavía recuerdo.
Ahora tengo otra meta.
Nos vemos en Italia. 🇮🇹
Puntos clave
- Mi primera competencia Oceanman fue en Guatapé, el 28 de abril de 2024.
- Nadé 10 kilómetros en aproximadamente cuatro horas.
- Tenía 84 días de preparación y nunca había nadado esa distancia.
- Los primeros cinco kilómetros fueron agradables, pero después comenzaron los problemas.
- Los geles energéticos, los calambres y el agotamiento complicaron la segunda mitad.
- Mi principal aprendizaje fue que la preparación física, la nutrición y la seguridad son fundamentales.
- Mi próximo objetivo es competir en Oceanman Italia 2027 y buscar un puesto entre los primeros 50.
La vida continúa, incluso después de los momentos más difíciles.
Mi experiencia con el cáncer cambió mi manera de entender la vida y me llevó a buscar retos como este. En mi libro La vida continúa cuento cómo comenzó ese cambio y lo que he aprendido en el camino. 📖 Conoce mi libro La vida continúa
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